Sorpresas te da la vida

Nuestra primera noche en Chiang Mai se nos hizo un poco larga: se juntó su “mijita” de Jet-lag con un grupo de italianos de una habitación vecina intentando ligar con unas chicas californianas. Aun así nos despertamos con ganas de empezar el día. Nos levantamos temprano, nos colgamos las mochilas a los hombros y nos dirigimos hacia nuestra nueva habitación en la ciudad. Por el camino paramos a desayunar tomando un fruit shake (fruta batida, con hielo y sirope). No tardamos mucho en llegar al V.R. Guesthouse, en la que nos ahorraríamos unos 150THB con respecto a la noche anterior. Llegamos tan pronto, que todavía no habían dejado ninguna habitación que nos sirviera y que hasta las 13:00 no estaría. Se nos fastidiaba el plan de visitar el templo de Doi Suthep a las afueras de Chiang Mai y salir al día siguiente hacia Pai. Así que nos resignamos, dejamos las mochilas en el hostal y pusimos rumbo este, pero sin destino conocido. El nuevo guesthouse se encuentra justo junto a la fosa que rodea a la ciudad, pero por el lado norte. Llegamos hasta la esquina noreste y vimos que del otro lado había un pequeño templo. Cruzamos por el primer puente que vimos y entramos en el recinto. Wat Chai Si Phum, comparado con lo visto hasta ese momento, no era nada del otro mundo.

Wat Chai Si Phum

Wat Chai Si Phum

Aprovechamos que el templo está ya situado en la parte nueva de la ciudad para perdernos un poco por esa parte que aun no habíamos visitado. Anduvimos por una calle con algunas tiendas y puestos hasta que llegamos a un cruce con una avenida principal. En este mismo cruce empezaba el Barrio Chino de Chiang Mai que por esas fechas (31/01/2014) estaban celebrando su día de Nochevieja. La avenidad estaba cortada y totalmente engalanada para la ocasión, con puestos de todo tipo y comidas de lo más variopinta, y al final de la calle un escenario en el que niños y niñas escenificaban varios bailes tradicionales chinos.

puesto chino

Puesto de gafas discretas para espías del FBI

Comimos un poco mientras veíamos el espectáculo, hasta que decidimos volver al hostal para hacer posesión de la habitación.

Llegamos un poco antes de lo acordado, pero la habitación ya estaba preparada, así que subimos los bártulos y debatimos sobre qué hacer durante esa tarde. La dueña del guesthouse, de nombre Potei, nos preguntó amablemente si teníamos algún plan a lo que le respondimos lo que teníamos planeado, pero que ya no haríamos por ser algo tarde. Ella nos comentó que si solo íbamos a ver el templo, no era tarde y que cerca había una parada de camionetas que llevaban hasta la misma puerta del templo por 50THB. Todo volvía a fluir: visita a Doi Suthep y al día siguiente a Pai.

La parada estaba junto a la Puerta Norte de la muralla por el lado de la parte nueva y pasamos junto a un lugar con un montón de sillas y un escenarios. Preguntamos al chófer por la siguiente salida hacia el templo y la respuesta fue que hasta que se llenase la camioneta para que, además, el precio fuera los 50THB que nos comentó Potei. Allí esperando nos dimos cuenta que el escenario era el lugar de manifestación de los Camisas Rojas en Chiang Mai. Cogí el móvil para leer las últimas noticias sobre Tailandia y en la primera que seleccioné, leí que los Camisas Rojas amenazaban con dividir el país en dos si los militares actuaban, colocando su capital en Chiang Mai. Se ponía interesante la cosa. Entre lecturas de noticias llegaron dos chicas chinas y un tipo de Australia que negoció con el chófer para poder subir en ese momento por 80THB en lugar de 100, que sería lo que correspondería por ser la mitad de gente. Nos pareció buena idea porque llevábamos casi una hora esperando.

Nos montamos en la camioneta roja (que no es más que un todo terreno pick-up con asientos en la parte trasera y techado) y nos dirigimos hacia el monte Doi Suthep en dónde está el templo con el mismo nombre. El viaje se hizo corto y nos dejó justo a los pies de las escaleras que terminaban de subir al templo. Estas escaleras estaban flanqueadas por puestos de souvenirs y comida, lo que le daba un punto en exceso turístico. Este tramo de escaleras terminaba en una taquilla en la que, con la excusa de que el templo está dentro del Parque Natural de Doi Suthep, te soplan 30THB. Pagamos y subimos por otro tramo más de escaleras por las que se podía vislumbrar la entrada al templo al final del todo.

escaleras a Doi Suthep

Foto-excusa para descansar en las escaleras

Al llegar arriba se adivinaba la estructura de aquel lugar: un primer rectángulo exterior con souvenirs, bares, algunas piezas de ornamentación,

Doi Suthep 1

Ornamentación de madera explicando cómo se construyó el templo

una vista espectacular de Chiang Mai

Doi Suthep 2

Vistas de Chiang Mai

y algunas que otra cosa más .

Doi Suthep 3

Esta araña es capaz de aguantar a los elefantes.

Y la otra parte la conforma un rectángulo interior que sería el templo en sí. Nos descalzamos para entrar y justo en la puerta nos pararon: Miriam no podía entrar en tirantes y pantalón corto. Nos echamos las manos a la frente, pero rápidamente nos explicaron que junto a la entrada del recinto hay unas chicas que por 10THB te prestan dos trozos de telas para usarlas a modo de sari mal hecho. De esa guisa entramos al templo. Nos llamó la atención dos cosas: 1) La cantidad de oro utilizado para figuras y esculturas de buda e incluso para la gran pagoda utilizan pan de oro. 2) El templo tenía como pequeño altares para diferentes deidades budistas y en cada uno de ellos había al menos cinco o seis urnas llenas de billetes de donativos de la gente. Esto da para un buen debate acerca de la financiación de las religiones.

Pagoda de Wat Doi Suthep

Pagoda de Wat Doi Suthep

Pagoda de Wat Doi Suthep

Pagoda de Wat Doi Suthep

Pasamos poco más de hora en el templo antes de bajar. Esta vez si nos paramos en los puesto para comer algo. Elegimos unas salchichas que en realidad estaban hechas de arroz y bambú. Muy rico. Cuando llegamos a la zona de las camionetas, nos subimos en una en la que ya había gente. Exactamente los mismo con los que subimos y a los que no habíamos visto en todo el rato que anduvimos por el templo. Además subieron una pareja de australianos que llevaban unos meses viajando y otra pareja de japoneses bastante calladitos.

La vuelta se hizo muy larga puesto que el tráfico en Chiang Mai estaba fatal. Creo que pasamos más tiempo montados en la camioneta que en el propio templo. Finalmente nos dejó en la Puerta Este de la muralla, así que tuvimos que andar un poco hasta llegar a nuestro guesthouse. Nos duchamos y nos dispusimos a salir en busca de la cena. Potei nos aconsejó que fuéramos a dónde cogimos las camioneta al mediodía ya que a esa hora ponían muchos puestos de comida y hacía allí fuimos. Tuvimos que pasar de nuevo por el lugar de la manifestación. Esta vez había más gente y estaban dando un mitin, así que los bordeamos un poco. Efectivamente en ese lugar había mucho donde elegir y finalmente compramos unos bollos rellenos de carne de cerdo y otras salchichas que creíamos que eran como los de la mañana, pero que eran de carne y además super picante. Así que paramos en el seven-eleven para comprar una cerveza que aliviara el picor y unas patatas para concluir el menú de la cena.

Apuramos la cerveza en la puerta del hostal, disfrutando de la compañía de Potei, con la que estuvimos hablando un poco de Chiang Mai y de los planes de ella de viajar a Amsterdam para visitar a su amor holandés que conoció unos meses antes en Tailandia. Realmente Potei es un encanto de chica y se portó genial con nosotros. Aprovechamos que llegó otro huésped para subir a dormir y prepararnos para ir al día siguiente a Pai. Pero ya tirado en la cama recibí a través de Facebook un mensaje de alguien que no esperaba: era mi amigo italiano Giacomo, a quién conocí en los meses que estuve viviendo en Edimburgo (Escocia) y con el que alcancé una muy buena amistad, que a día de hoy se mantiene. El tío llevaba tres meses viajando y llegó prácticamente a la par que nosotros a Chiang Mai para hacer un curso de un mes de masaje tailandés. Obviamente quedamos para tomarnos algo y ponernos al día después de tantos años sin vernos. Fue una grata sorpresa y, por ahora, uno de los mejores recuerdos que guardo de aquella ciudad.

En la próxima entrada contaremos el viaje a Pai y nuestras primeras impresiones.

¡Un abrazo!

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Acerca de FranJBeja

Licenciado en Publicidad y Relaciones Públicas, llevo los últimos meses viajando mientras intento reciclarme profesionalmente.
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