‘Le Tour de Pai’

El día comenzó temprano, con ganas de conocer mejor aquel lugar que la tarde anterior nos llamó tanto la atención. Durante el desayuno tuve una revelación personal: los animales e insectos tienen gran capacidad de adaptación. Por ejemplo, en Sevilla los mosquitos se adaptan a las bandas municipales que salen tras las procesiones y te pican mientras tocan la corneta. En cambio, enTailandia los mosquitos se han adaptado al budismo y te pican en silencio. Realmente la pierna de Miriam parecía uno de estos pasatiempos de une los puntos y saldrá un dibujo de tanta picadura que tenía.

Pero eso no nos desánimo y empezamos a barajar las opciones para conocer Pai y su entorno. Teníamos tres opciones:

1) Contratar un ‘Tour’ que nos llevará como pollos a nosotros y a algunos más por los sitios turísticos y verlo todo en un día.
– Opción rechazada por caro y por comercial.

2) Alquilar una moto para movernos por los alrededores.
– Opción rechazada porque yo personalmente no me veía aun conduciendo por el lado contrario al normal. Además de intuir que sería caro.

3) Alquilar una bicicleta para visitar Pai.
– Opción escogida porque además de saludable, nos parecía más barato.

Aun así para nuestra sorpresa, había pocos sitios para alquilar bicicletas, pero la encontramos. Nos dejaban cada bicicleta durante 24 horas por 50THB (1’11€). Además, el dependiente amablemente nos facilitó una mapa del entorno de Pai y nos explicó dos rutas turísticas que podíamos hacer. La primera era una ruta de 14 kilómetros ida y vuelta hasta unas cascadas (Mor Paeng waterfall) pasando por un par de templos y poblado chino. La segunda ruta era de 17 kilómetros en circuito pasando por multitud de puntos interesantes.

Nosotros elegimos la primera opción ya que nos parecía más a mano de nuestras habilidades ciclísticas y así tener tiempo por la tarde para descansar en nuestro hostal junto al río.

El inicio fue genial, desarrollábamos una buena cadencia de pedaleo (palabras mágicas con las que cada verano ‘Perico’ Delgado deja dormida a media España mientras se ve el ‘Tour de Francia’), las bicicletas iban bien con cambio de marchas y frenos en buen estado, y las condiciones climatológicas acompañaban, quizás un poco de calor.

Por el camino fuimos disfrutando del paisaje llano mientras ilusos en moto nos adelantaban, perdiéndose el respirar ese aire limpio que circulaba por aquellos campos.

Campos labriegos de Pai

Campos labriegos de Pai

Templo a la entrada de una aldea

Templo a la entrada de una aldea

Santuario junto a la carretera

Santuario junto a la carretera

A la altura del santuario ya llevábamos como un kilómetro andando porque las cuestas empezaron a aparecer. Claro, si vas a una cascada el agua tiene que caer de algún lado. Pues nosotros no pensamos en eso hasta este momento. Aun así seguimos el camino viendo como los que nos adelantaban venían de vuelta. Pero eso no nos quitó las ganas y continuamos la marcha.

Eramos como niños pequeños cada vez que veíamos una cuesta abajo.

Cuando el camino peor se ponía, empezamos a escuchar sonido de agua corriendo. De pronto, un lugareño nos pasó con una moto y en una bifurcación se adentró por un camino que iba cuesta abajo. Nos lo pensamos un poco antes de seguirlo porque era salir de lo que parecía una carretera principal, pero que realmente no señalizaba nada.

Bajamos por el camino y llegamos a un vado de un río en el que un todo-terreno se había quedado atascado subiendo justo en la cuesta que nosotros estábamos bajando. El chico de la moto había ido a ayudar al hombre del coche y nosotros ni corto ni perezosos nos metimos en el agua a… hacernos algunas fotos.

Miriam feliz por encontrar agua fresca.

Miriam feliz por encontrar agua fresca.

Fran enseñando el paisaje con estilo.

Fran enseñando el paisaje con estilo.

La verdad es que el lugar nos gustó, pero sabíamos que ese no era la cascada que íbamos buscando, así que cogimos las bicicletas justo en el momento en el que otro motorista se paraba para ayudar al todo-terreno.

Volvimos al camino que nos había llevado hasta allí y continuamos por la ruta original. Pronto llegamos a una pequeña explanada con muchas motos aparcadas y algún que otro puesto de comida y bebida. Como no: zona turística conocida = oportunidad de negocio. Algunos carteles señalizaban la dirección de las cascadas y por allí fuimos.

Creo que se unió el calor, la sed, el cansancio y la falta de agua en las cascadas por ser estación seca, pero aquello nos decepcionó un poco. Aun así el paisaje era precioso. Verde por todos lados y una tranquilidad que se podía respirar.

Panorámica de Mor Paeng Waterfall

Panorámica de Mor Paeng Waterfall

Detalle de las cascadas

Detalle de las cascadas Mor Paeng

En la anterior foto se nota que faltaba algo de agua en las cascadas. Además la zona estaba llena de “guiris” buscando el ángulo imposible para hacer la mejor foto del “agua cayendo sobre las rocas, volviéndolas romas y suaves como el culito de un bebé recién nacido” (Eso es el título que luego le pondrán en el álbum del Flickr).

Pero también hubo tiempo para las risas: por allí andaban tres niños autóctonos de la zona yendo de roca en roca y dejándose caer por las cascadas. A uno de estos extranjeros en busca del ángulo perfecto se le cayó las gafas de sol, resbalando hasta llegar abajo. El más pequeño del grupo se percató del asunto y vio rápidamente el negocio: “por 100THB (2’23€) te doy las gafas”. Ni el extranjero ni los otros chicos hicieron caso. Es más, al momento el mayor de los niños devolvió al hombre sus gafas de sol. Creo que por ahí si que se movieron unos 20THB.

Pero el pequeño seguía insistiendo en sus 100 y viendo que el muchacho no le hacía caso, empezó a demostrar sus dotes de Muay Thai. El “guiri” demostró sus dotes de padre divertido delante de su novia y empezó a jugar con el crío, levantándolo en peso cual cochinillo. “Craso error“. El niño viéndose ahí arriba cerca de las gafas, se las arrebató y en cuanto el joven le puso sobre el suelo, el chico salió huyendo con su botín, exigiendo desde lejos el dinero que demandaba por encontrar las gafas. El “guiri” fue detrás de él con la sonrisa en la cara, hasta que lo cazó y le quitó sus gafas entre forcejeos.

Finalmente el “guiri” se fue y no le dio nada al pequeño, que volvió con sus compañeros de juegos como si nada.

Sobre ese tiempo ya era hora de volver, sabiendo que ahora tocaba la parte divertida de la cuesta abajo. Y de verdad que lo pasamos bien.

Miriam bajando a toda velocidad una cuesta

Miriam bajando a toda velocidad una cuesta

Miriam mostrando su destreza al manillar

Miriam mostrando su destreza al manillar

Fran satisfecho por el sabor de los mosquitos que se tragó

Fran satisfecho por el sabor de los mosquitos que tragó

Para el camino de vuelta dejamos la visita al poblado chino. Por el noroeste del país hay varios asentamientos como este, pueblos de habitantes chinos que llegaron a estas zonas montañosas huyendo del régimen comunista. Aprovechando el trasiego de turistas hacia las cascadas, han montado una serie de atracciones que conmemoran su origen chino.

Hada del bosque china

Hada del bosque china

Él no tiene idea de lo que dice

Él no tiene idea de lo que dice

Ella sí sabe lo que dice porque ha estudiado chino en Centro de Estudios de Asia Oriental (www.ceao.es)

Ella sí sabe lo que dice porque ha estudiado chino en Centro de Estudios de Asia Oriental (www.ceao.es)

Puesto de souvenirs

Puesto de souvenirs

Tras comer en un restaurante chino, volvimos a Pai dispuestos a aprovechar la tarde y la noche descansando plácidamente en las hamacas de nuestro hostal, meditando si coger más bicicleta o no.

Puesta de sol en Pai

Puesta de sol en Pai

Muchas gracias por leernos una semana más y no dudéis en comentar y compartir.

¡Un abrazo enorme!

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Acerca de FranJBeja

Licenciado en Publicidad y Relaciones Públicas, llevo los últimos meses viajando mientras intento reciclarme profesionalmente.
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