Alrededores de Pai

Montados en nuestra scooter salimos de Pai en busca de uno de los principales atractivos turísticos de la zona. Desde nuestra terraza del hostel se puede ver una gran masa blanca en una de las montañas cercanas. Seguramente se puede ver algo más que una masa blanca, pero nuestra miopía nos lo impide.

Más o menos sabíamos que era por lo leído en guías y demás, pero queríamos verlo de cerca. Subimos unas cuantas cuestas en las que la moto parecía desfallecer, pero llegamos hasta los pies de unas escaleras que se entremetían por el bosque monte arriba. Empezamos a subirlas, pero pronto nos dimos cuenta que la carretera por la que veníamos seguía cuesta arriba y que otros motoristas seguían esa senda. Así que antes de seguir haciendo el canelo subiendo unas escaleras que parecían infinitas, decidimos bajar, coger la motocicleta y continuar por la carretera.

Y efectivamente llegamos al punto deseado: una explanada con un pequeño templo (Wat Phra That Mae Yen) y algunos puesto de comida y souvenirs. Ya se adivinaba la forma de la masa blanca, pero aun estaba más arriba.

En aquella explanada no se veía ningún tipo de escalera que continuara subiendo, pero vimos un pequeño camino entre unos árboles por dónde acababan de bajar unos “guiris”. Así que nos adentramos por ese camino.

Conforme íbamos subiendo, entre las ramas se podía ver el final de la senda con nuestro objetivo. Parecía increíble que en un terreno tan abrupto como aquel hayan construido esa belleza. A cada paso que dábamos, nos sentíamos más emocionados. Hasta que por fin llegamos a la cima, dónde un gran Buda blanco observaba todo el valle del río Pai.

Phra That Mae Yen

Phra That Mae Yen

Comparativa de altura de Phra That Mae Yen y yo

Comparativa de altura de Phra That Mae Yen y yo

Valle de Pai

Valle de Pai

Estuvimos un largo rato observando aquella imagen que transmite tanta paz y tranquilidad. El entorno también ayudaba. A pesar de que Pai está lleno de “guiris” pocos son los que suben hasta aquí. Imagino que sería un lugar inigualable para una buena meditación matutina.

Pero ni la estatua ni los alrededores tienen cobijo para esconderse del sol y aunque estábamos a cierta altura, el calor hizo que nos marcháramos de aquel lugar, así que iniciamos la vuelta a la explanada.

Aun no volveríamos a Pai, sino que queríamos conocer un poco más de los alrededores y cogimos la dirección contraria al pueblo.

Vimos campos de cultivo de toda clase (mucha fresa se planta por aquellas zonas), pasamos por un par de centros de “cuidado” de elefantes, a los cuales no nos queríamos acercar para no apoyar la explotación de estos animales cuyos corrales no eran más grandes de los que se les daría a un caballo. Aun así algún extranjero se veía montado a sus lomos andando por la carretera para hacerse la foto.

Por allí también hay un balneario de agua termales que hasta hace unos años estaba abierto al público, pero que ahora, como todo, se comercializa y cuesta unos 600THB (13’45€). Ya sabemos que quizás no es muchos, pero en ese momento hacíamos las cuentas haciendo la equivalencia por las noches de más que podríamos estar allí… y eso eran dos noches más.

Continuamos por la misma carretera hasta llegar a otra de las atracciones de los alrededores de Pai: el ‘Memorial Bridge‘, un puente de la II Guerra Mundial, según cuentan muchas guías. Pero nada más lejos de la realidad. Antes de cruzar por el puente hay un cartel dónde cuenta la historia del mismo. Resumiendo sería: durante la II Guerra Mundial, los japoneses pasaron por aquí camino de las costas de Birmania para cortar el suministros a las colonias inglesas. Con la “ayuda” de los habitantes de Pai construyeron un puente que pasaba el río Pai. Con la entrada en juego de Estados Unidos, los japoneses iniciaron su retirada destruyendo el puente. Pero los habitantes vieron que el puente era bueno y volvieron a construirlo. Este segundo puente fue destrozado en unas inundaciones en los años 60. Por aquella época, Chiang Mai estaba construyendo un nuevo puente y acababan de desmantelar un puente de hierro, que el pueblo de Pai pidió para montar el suyo. Por lo que hasta allí llegó un tramo de ese puente de hierro de Chiang Mai. Que en estos momento ya no se utiliza, puesto que justo al lado han construido otro con mayor capacidad de circulación. Tras leer esto, ver que ni de cerca era un puente de la II Guerra Mundial y que además había un “thai” disfrazado de Jack Sparrow que nada tiene que ver con nada y que los “japos” iban y se hacían fotos con él, nos dio tanto coraje que ni hicimos fotos y continuamos la ruta.

A un par de kilómetros del susodicho puente están el Cañón de Pai. Un parque natural con estribaciones al estilo del Gran Cañón del Colorado, pero a pequeña escala y con más vegetación. En una zona bien señalizada paramos la moto y nos adentramos por un pequeño camino entre árboles.

Explanada de entrada al Cañón de Pai

Explanada de entrada al Cañón de Pai

Es curioso lo que la erosión de un pequeño río puede hacer en su entorno. Imagino que no es comparable al Cañón del Colorado, pero el Cañón del Pai pone de manifiesto el poder del agua en un tiempo muy pasado y en el que la vegetación no permite ver las profundidades de unos cañones que fácilmente podían alcanzar en algunas zonas los 15 o 20 metros de profundidad.

Cañón del Pai

Cañón del Pai

Cañón del Pai

Cañón del Pai

Tras pasearnos un poco (no mucho) por esos caminos que formaban el cañón decidimos ir en busca de otra atracción más. Por el mapa sabíamos que por allí cerca había unas cascadas y nos dirigimos hacía allí. Pero sin suerte. No encontramos el camino correcto, aunque si que tuvimos bonitas vistas. Eso unido a que nos quedábamos sin gasolina en la moto (solo le echamos un litro y llevábamos más de 20 kilómetros) y que ya era hora más de la hora de comer, hizo que tomáramos la decisión de volver a casa

Tras una comida ligera, nos tumbamos en las terracitas de nuestro alojamiento, viendo ir y venir a gente que se hospedaba allí o simplemente iban de paso. Y siempre con buena música de fondo y el río Pai a nuestros pies para darnos un remojón que sofocara el calor.

El día fue completo y de esta manera Pai nos terminó de enamorar. Se me quedó en el tintero ir al Buda blanco una mañana para meditar en silencio. Así que tarde o temprano volveremos allí.

Espero que os haya gustado esta entrada y, por favor, compartir, comentar y darle al “Me gusta”.

¡Un abrazo!

P.D: Justo hoy hace dos meses del inicio de este viaje. Decir que seguimos bien y con buenas perspectivas.
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Acerca de FranJBeja

Licenciado en Publicidad y Relaciones Públicas, llevo los últimos meses viajando mientras intento reciclarme profesionalmente.
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