Un paseo por las montañas

Y la mujer de las motos nos dijo: “no ir por las afueras de Mae Hong Son, que la moto puede no subir algunas cuestas”. Ese mensaje resonaba en nuestras cabezas, pero cada vez parecía más un eco, que un consejo para recordar. Y se fue diluyendo conforme íbamos desayunando y hablando con nuestra hospedadora.

Ella además de regentar nuestros hostel, también organiza excursiones por Mae Hong Son y sus alrededores. Nos contó que ese día iría con otra huésped a una comunidad china instalada entre las montañas, casi pegado con la frontera de Myanmar, a unos 44 kilómetros. Por el camino también podíamos encontrar un pequeño parque natural con unas cascadas que realmente merecían la alegría ser vistas.

Ya teníamos plan para ese día. Miramos y re-miramos los planos para no perdernos. Y aun así nos lo llevamos por si acaso. Así que nos dispusimos para la aventura, rumbo norte, por la misma carretera que lleva hacia Pai y Chiang Mai.

En una bifurcación dejamos la carretera principal y nos adentramos por carreteras más secundarias, siempre atentos a cada una de las señalizaciones, las cuales en su mayoría estaban en Thai. Y kilómetro a kilómetro llegamos a nuestro primer destino: Pha Sua Waterfall.

El lugar está muy bien conservado. Tiene una pequeña zona de aparcamiento y al lado unas edificaciones que contienen servicios y un ‘stand‘ de información. Tras firmar en un libro y declarar el número de personas en la visita y la nacionalidad se empieza a descender por un camino de piedras y arena. Alrededor todo son árboles enormes que casi no dejan pasar la luz.

Arboleda de Pha Sua Waterfall

Arboleda de “Pha Sua Waterfall”

Aquí también descubrimos algo nuevo: siempre nos imaginamos que el bambú crece solo, como cualquier árbol. Pero en realidad crece en ramos o matojos, por decirlo de alguna manera. Mejor no lo explico, lo enseño:

Cañas de bambú

Cañas de bambú

Y entre árboles y bambú, íbamos escuchando como nos acercábamos a las caída de agua. El sonido que nos llegaba no era muy fuerte, por lo que temíamos llevarnos un chasco como el que nos llevamos en Pai (recuérdalo aquí). Pero al despejarse el camino de vegetación, dimos con una imagen de postal.

Totalmente rodeado de verde, un riachuelo emergía de entre las rocas. Es cierto que debido a la estación seca, aquello no sería ni una décima parte de los espectacular que debería ser con el agua rodeando toda aquella zona, pero aun así nos pareció precioso.

Pha Sua Waterfall (Cascada Pha Sua)

Pha Sua Waterfall (Cascada Pha Sua)

Lo bueno de que estuviese seco es que te podías adentrar por las rocas y acercarte un poco más a las caídas de aguas y ver mejor el precioso cielo azul enmarcado con el verde de los árboles que compiten por ser el más alto.

Pha Sua Waterfall (Cascada Pha Sua)

Pha Sua Waterfall (Cascada Pha Sua)

Tras “hacer el cabra” por las rocas (con algún resbalón por ambas partes incluido sin consecuencia alguna), decidimos por volver hasta la moto y poner rumbo hacía nuestro destino final.

Con la motocicleta en marcha, poco a poco lo que al principio de la mañana eran ecos, se fueron convirtiendo en gritos que nos recordaban: “no ir por las afueras de Mae Hong Son, que la moto puede no subir algunas cuestas”. Nos estábamos encontrando con pendientes que a nuestra ‘scooter‘ de 50 cc. le costaba la misma vida subir.

Tras un par de amagos y una gran pasada de la propietaria de nuestros hostel con su clienta, nuestra moto dijo: “aquí os quedáis”. Reíamos por no llorar. Allí en medio de la selva, con un aparato de más de 100 kilos en nuestras manos. Teníamos dos opciones: o volvíamos o uno de los dos se bajaba de la moto. Fue Miriam quién se bajó de la motocicleta y así pudo tirar para arriba los 10 ó 15 metros que quedaban de cuesta, con la pobre de Miriam corriendo detrás como si yo fuera a irme muy lejos.

Desde ese punto la carretera se normalizó. Ya no había grandes cuesta y el camino serpenteaba entre zonas selváticas y campos de té y café.

Hasta que por fin llegamos al destino final: Mae Aw, también conocido en tailandés como Ban Rak Thai (realmente este es el nombre que encontraréis en las señalizaciones para llegar).

Este pueblo está compuesto por una comunidad china que huyó del comunismo de su país. Está enclavado entre las estribaciones de las montañas del norte de Tailandia, cercano a un paso fronterizo con Myanmar conocido por su tráfico de drogas. Fácilmente los creadores de Heidi se pudieron inspirar en este pueblo para recrear los alpes suizos.

Mae Aw / Ban Rak Thai

Mae Aw / Ban Rak Thai

Este pueblo principalmente vive de las plantaciones que le rodean, es decir, té y café como señalamos anteriormente. Y por supuesto cada vez más turismo, que llenan sus tiendas de souvenirs y productos alimenticios de la tierra.

Mae Aw / Ban Rak Thai

Mae Aw / Ban Rak Thai

Por cierto, en estas zonas se están empezando a plantar viñedos que ya están dando sus vinos que cada vez van teniendo más aceptación en el marco internacional. Aunque como chinos que son, tienen otros inventos como vinos de piña, ciruela, fresa… Probamos el de piña y no estaba malo, aunque extraño al paladar.

Con la visita al pueblo y sus tiendas, decidimos empezar el camino de vuelta. Como era un largo camino, paramos para comer en un bar junto a la carretera y además nos adentramos en una aldea cuyos habitantes son de las misma tribu que las “mujeres jirafas“, pero que han decidido llevar una vida normal. Era un pueblo demasiado pobre. Realmente en Tailandia a los extranjeros de los países vecinos no se les trata muy bien y suelen ser mano de obra barata para trabajar en el campo o en la construcción.

Esa la tarde la dedicamos para planear nuestro siguiente destino en Tailandia, cuyo viaje lo iniciaríamos al día siguiente y que os contaremos en la próxima entrada.

Ojala que os haya gustado esta entrada y si es así, por favor, comentadlo, dadle al “Me gusta” o compartidlo. De verdad que es una gran ayuda para nosotros.  Hasta pronto.

¡Un abrazo!

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Acerca de FranJBeja

Licenciado en Publicidad y Relaciones Públicas, llevo los últimos meses viajando mientras intento reciclarme profesionalmente.
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