De punta a punta

Ese martes iniciamos un viaje que en la siguiente semana nos llevaría de punta a punta de Tailandia.

Para nosotros, la opción más económica siempre fue el autobús. Pero lo mejor es que además, en muchos sentidos, es la más cómoda. Para los viajes de larga distancia existen los buses V.I.P. (como ya vimos en la entrada Continúa el viaje). Esta pinta tenía:

Autobús VIP Mae Hong Son - Bangkok

Autobús VIP Mae Hong Son – Bangkok

Como veis, tienen sus cortinas totalmente decoradas, nos dejaban los cojines para poder dormir y una mantita. Además los asientos también son reclinables y con masajeador. La comida fue diferente al que nos llevó a Chiang Mai. Al principio nos dieron una botella de agua pequeña y algún pastel para las primeras horas y a mitad de camino paró en una zona de la compañía en el que con el billete tenías entrada a un buffet libre.

Este bus salió algo más caro que el de subida: 990THB (22’03€), pero también son más horas de viaje: salimos a las 15:00 de Mae Hong Son y llegaríamos a Bangkok a las 6:30 de la mañana siguiente. Es decir, más de 15 horas de autobús “pal body”.

La parte mala de este viaje es que, al contrario que el que nos llevo a Chiang Mai, esta vez íbamos descansados. Aun así nos entreteníamos viendo series en el portátil o la película que nos ponían en la pequeña pantalla del autobús.

Cuando ya pasaron unas tres horas de viaje, hicimos la primera parada en la gasolinera de un pueblo… para echar gasolina al autobús. La primera vez que veíamos esto.

Esta parada nos dio la oportunidad de conocer a la otraguiri que iba en el bus: una chica francesa (de la que por desgracia no nos acordamos el nombre) que había estudiado en España y sabía algo de español. Esta chica llevaba tres meses de viaje por el sureste asiático: primero por China, Camboya y ahora Tailandia.

Andamos un poco por la calle principal en busca de una tienda en la que comprar algo de comer, cuando de repente paso por nuestro lado el autobús. ¡Dios mio! Nos quedábamos en tierra. Corrimos detrás desesperados porque nos quedábamos en aquel pueblo del que no sabíamos ni el nombre, mucho menos dónde estaba.

Para nuestro alivio el bus paró unos metros más adelante, justo en la puerta de una tienda en la que pudimos comprar algún paquete de patatas para distraer el viaje.

De nuevo en el bus ya empezaban las primeras cabezadas. Hay que señalar que a esta parte del mundo han llegado los aire acondicionados, pero parece que aun no están listo para el regulador. En todos los sitios ponen el aire acondicionado a tope, por lo que hicimos buen uso de las mantas que dejaban e incluso antes de volver a subir tuvimos que coger las sudaderas para poder soportar la noche.

Y por fin llegamos al área de descanso de la empresa del autobús. En un principio solo bajamos para estirar las piernas e ir al servicio ya que nadie nos explicó de que iba aquello, pero durante el estiramiento de piernas nos fijamos que toda la gente entraba en un salón… en el que estaba el buffet. Rápidamente entramos porque solo teníamos 20 minutos de parada y ya habíamos consumido casi la mitad.

Durante la comida “nuestra amiga” francesa se encontró con una pareja de coreanos que había conocido durante su viaje por China (Sorpresas te da la vida).

De nuevo en el autobús, el viaje continuó entre cabezada y cabezada, aunque ya a partir de las 5 de la mañana me era complicado de conciliar el sueño.

La francesa se bajó un hora antes que nosotros en la ciudad de Ayuthaya, famosa por ser la primera capital del reino de Siam y que fue derruida tras la invasión birmana por el siglo XVII-XVIII. Las ruinas son aconsejables de visitar, aunque para nuestra economía, algo caras.

Volvíamos al punto de partida. Bangkok. El bus se adentró en el complicado tráfico de la mañana hasta que llegamos sobre las 6.30 de la mañana a la estación del norte, Mochit 2.

Al bajarnos del vehículo fuimos abordados rápidamente por taxistas y tuk-tuk‘s que se ofrecían para llevarnos por cualquier lugar de la ciudad. Lo bueno de los tailandeses es que cuando se les dice que no, lo aceptan y no insisten. En este caso le dijimos que no porque íbamos buscando el bus para ir a Sri Racha. Y el mismo hombre nos indicó dónde ir a comprar los billetes.

La estación de Mochit 2 es enorme y tiene como tres filas de andenes para autobuses y otras tantas para mini-vans.

Ya en el edificio de la estación, dimos rápidamente con la taquilla de la empresa que nos llevaría hasta nuestro nuevo destino. Sri Racha se encuentra a unos 120 kilómetros al sureste de Bangkok, con lo que nos meteríamos otro par de horitas de autobús, que esta vez era tan solo de segunda clase (solo ventilador). Nos salió por unos 70THB cada uno (1’55€).

Nos tocó esperar una hora larga que aprovechamos para salir al exterior y comprar algunas galletas para desayunar en el 7-eleven de la estación.

Como en nuestro primer día allí, sonó el himno de Tailandia y fervorosamente nos pusimos en pie y la mano en el pecho con el mayor de nuestros respetos. Es increíble como se para todo el trajín de una estación de autobuses en este momento.

Nos subimos en nuestro nuevo bus tranquilamente y ocupamos nuestros asientos antes de adentrarnos de nuevo en el caos de Bangkok. Esta vez pasamos por carreteras más céntricas, pero sin llegar a meternos en las calles de la ciudad. Es como si una autovía se metiera por la ciudad dejando las calles por debajo.

Pasamos más cerca de grandes edificios que el primer día solo pudimos ver de lejos a través de la niebla y confirmamos que el tráfico en las calles era aun peor.

El viaje, dentro de lo que cabe, se nos hizo corto. El destino final del autobús no era Sri Racha, sino que continuaba y para, supongo, no perder tiempo, no entraba a la estación de buses del pueblo, sino que nos dejó en una gran avenida que cruza la localidad un poco a las afueras. Digamos en la zona industrial.

Bajamos del bus y nos pusimos en busca de nuestro hostel… que os lo contaremos en la próxima entrada.

Espero que os haya gustado este capítulo a pesar de tener pocas fotografías. En un viaje encerrados en el bus no da muchas ocasiones para ello. Igualmente, si os gustado, no dudéis en comentar, darle a “Me gusta” o compartir. Esto nos ayudará a crecer un poquito.

Muchas gracias por leernos y hasta la próxima entrada.

¡Un abrazo! 

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Acerca de FranJBeja

Licenciado en Publicidad y Relaciones Públicas, llevo los últimos meses viajando mientras intento reciclarme profesionalmente.
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