Ban Phe – Koh Samet – Ban Phe

Por llegó el día de conocer una de las famosas islas de Tailandia: Koh Samet. Pero antes teníamos que llegar. Para ello nos levantamos temprano para intentar pillar los primeros buses hasta allí y así aprovechar un poco la tarde.

Afortunadamente el Money Motel estaba lejos de la playa, pero no de la estación de autobuses. Así que al entregar la llave preguntamos a la recepcionista exactamente cómo se llegaba a la estación y amablemente nos dibujo un croquis perfecto.

En 10 minutos estábamos allí y nos dirigimos hacia la taquilla cuando un hombre occidental nos paró y preguntó dónde íbamos. Le explicamos nuestras intenciones de ir hasta la isla. Él hombre nos explicó que en autobús habría que llegar hasta un pueblo (Rayong) y desde allí coger una camioneta que llevase hasta el embarcadero en Ban Phe (algo totalmente cierto). Así que nos dejamos influenciar y por un poco más cogimos el mini-van que nos dejaría en el mismo embarcadero. Serían 200THB por cabeza (4’55€)

Lo acompañamos junto con  un pequeño grupo de chinos hasta las afueras de la estación para esperar el vehículo. Estuvimos esperando más de una hora (la puntualidad tailandesa es todo lo contrario a la inglesa), pero dio para tener una agradable charla con el hombre.

Resultó ser de Holanda y llevaba allí varios años. Si no recuerdo mal estaba casado con una Thai. Hablamos sobre la situación en Tailandia y la situación en Europa y de España en concreto. Llegué la conclusión que la situación de ambos países no era tan diferente, a excepción de que en Tailandia salen a protestar y no les apalean. ¿Curioso verdad? (Hace poco dieron el Golpe de Estado y eso significará reiniciar el sistema, con lo que se renuevan todos los políticos y se acaba la corrupción existente).

Al fin llegó el mini-van. Cómo siempre estaba hasta la bola, pero agradecimos el aire acondicionado. Nos esperaba unas cuatro horas de camino con un chófer con la mentalidad de Fernando Alonso.

Al llegar a Ban Phe resultó ser un pueblo pesquero con una gran avenida llena de puestos de souvenirs. El mini-van nos dejó en la zona de las taquillas dónde compramos los billetes del ferry que nos llevaría hasta Koh Samet.

Allí no tuvimos que esperar mucho y nos sirvió para conocer un poco el entorno de Ban Phe mientras nos tomábamos un refresco y comíamos algo ligerito.

Embarcadero de Ban Phe

Embarcadero de Ban Phe

Como veis en la foto, el día estaba nublado y hacía algo de viento, así que el mar tenía algo de marejada. Aun así, el viaje no fue mareante pero si que nos pareció algo cansado después de ya algunas horas de viaje.

Era bonito ir y venir barcos desde la isla de Koh Samet hasta puerto. El  coste del ferry ida y vuelta es de unos 140THB por persona (3’19€)

Ferry que une Koh Samet con Ban Phe

Ferry que une Koh Samet con Ban Phe

Al llegar a Koh Samet nos decidimos a buscar alojamiento porque de nuevo decidimos arriesgarnos a buscar la opción más económica que no aparezca en ninguna parte.

Para ello nos adentramos en el Parque Nacional que conforma esta isla y las del entorno. La entrada al parque tiene un coste de 200THB (4’55€). Después de la puerta están la mayoría de los hoteles y bares.

Pero la imagen estaba distante al paraíso que esperábamos ver. Las calles estaban atestadas de gente, con camionetas-taxi constantemente yendo y viendo. Los caminos eran una cuesta tras otra y el suelo estaba en obras, por lo que circular por allí se hacía bastante complicado.

A todo esto, mientras nos sumíamos en el interior de la isla nos dimos cuenta que algo faltaba entre nuestras manos. ¡No podía ser!

Miriam se quedó con las mochilas mientras yo volvía corriendo al barco rezando para que aun estuviera allí y no hubiera vuelto a tierra firme. ¡Bien! ¡Allí estaba el barco!

Esperanzado, expliqué como pude a uno de los operarios lo que iba buscando y me dejaron pasar al barco para buscarlo. Miré por debajo de cada asiento incluso miré de reojo por dentro de la cabina de mando. Pero allí no estaba. Los operadores incluso llamaron al puerto de Ban Phe, pero allí no tenían noticias sobre lo que habíamos perdido.

A penas 24 horas después habíamos perdido el ukelele que tanta ilusión nos había hecho.

Así que allí estábamos: una isla abarrotada en la que todos los hoteles estaban atestados o pedían una cantidad muy por encima de nuestras posibilidades. Subiendo y bajando cuestas con aquel bochorno que hacía con el peso de las mochilas y el ánimo por los suelos por perder el ukelele.

Dos horas después de llegar a Koh Samet decidimos volver a tierra firme.

En el puerto coincidimos con una pareja que vino con nosotros en el mini-van, con los que coincidimos que aquella isla era cosa de locos. Al menos el viaje de vuelta fue algo más curioso, ya que aprovechando los últimos barcos de vuelta, los tailandeses que trabajan en la isla vendiendo artesanías y cosas así, vuelven a Ban Phe. Pero no van en los asientos como el resto de pasajeros, sino que se sientan en el tejado del barco con sus bártulos, sin ninguna protección ni un misero chaleco salvavidas a mano (por aquel tiempo se hundió un barco en la turística playa de Phuket y por eso reparo en ello ahora).

Al llegar al embarcadero, Miriam fue a buscar al sitio desde el que salió nuestro barco de ida por si aun estaba allí la caja con el ukelele, pero fue en vano.

Por lo que ahora solo nos quedaba la opción de buscar un hotel por allí y al día siguiente ir hacia otra isla más cercana a la frontera con Camboya: Koh Chang.

Allí estaba el Cristian Guesthouse, situado sobre un bar y en el que por 500THB (11’38€) nos alojamos aquella aciaga noche. Tras cenar hicimos algo inteligente. Entramos en booking.com para buscar y reservar alojamiento en nuestro siguiente destino: la isla de Koh Chang.

Pero de nuevo dejamos la historia de esa viaje para otra ocasión. Aprovecho para contaros que todo esto pasó ya algunos meses. Aquí prácticamente os cuento lo que nos sucedió en nuestro día a día de una semana para otra. Ahora estamos en Seri Kembangan, un pueblo junto a Kuala Lumpur, capital de Malasia. En apenas un par de días volvemos a España, dando fin a esta aventura que iniciamos con tanta ilusión hace cinco meses. Las cosas no han salido tan bien como esperaban, pero nos sentimos muy orgullosos de haberlo hecho y sin duda lo volveríamos a hacer (quién sabe si en un futuro). Nos llevamos de vuelta muchísimas experiencias, el haber conocido culturas diferentes y formas de ver la vida diferente.

Así que a mucho de vosotros os volveremos a ver en poquito tiempo, pero desde aquí terminaremos de contar nuestro viaje para que quede para la posterioridad. Cómo siempre os digo, si os has parecido bonita esta historia, comentando o dándole al “Me gusta” o compartiendo nos ayudáis. Nos vemos pronto.

¡Un abrazo!

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Acerca de FranJBeja

Licenciado en Publicidad y Relaciones Públicas, llevo los últimos meses viajando mientras intento reciclarme profesionalmente.
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